Breaking Bad o el narcoprofesor…

Tal vez sea un lugar común, pero cada día es más evidente que los mejores guiones hoy en día los encontramos en las series. Hollywood va quedando, más y más desdibujado cuando se trata de contar buenas historias.

La enumeración de las obras (porque eso son, el arte en una acabada expresión) puede ser fatigosa. Por mencionar sólo algunas, podríamos citar Mad Men, Homeland o Breaking Bad.
Veamos esta última.

Walter White es un profesor de química al que no le alcanza su sueldo. Da clases en un secundario que en EE UU tiene poco prestigio (no es lo mismo que enseñar en una universidad). Necesita dinero. Por eso y durante la tarde trabaja en un lavadero de autos. Soporta injusticias de sus jefes, insolencias de sus alumnos. Se deja someter. No tiene alternativa.
Su esposa profesa el american way of life. Es rubia, de ojos claros, está embarazada, es un tanto kitsch y es una excelente ama de casa (muy parecida a la Bets Draper, esposa de Don, pero 50 años más tarde). Tienen un hijo discapacitado, noble y adolescente. Por si esto fuera poco, a Walter le diagnostican un cáncer de pulmón terminal.

En este contexto, se cruza con un ex alumno adicto a las drogas. Deciden “cocinar” metanfetamina y venderla. De profesor a traficante.

Walter de alguna manera representa al americano medio que necesita resolver los problemas de su clase antes de morirse: el pago de la hipoteca de la casa familiar, seguro de vida, la universidad de sus hijos, los impuestos. Necesitar juntar mucha plata para su familia antes de su muerte.

Este es el inicio de Breaking Bad, una serie que muestra el interior de Estados Unidos lejos del glam de L.A. y del mundo cool de Nueva York. En el interior no son todos buenmozos, las mujeres no son modelos, la plata no alcanza y las deudas crecen. Y cocinar y traficar drogas es una salida que un hombre desesperado, cualquier hombre, puede tener que usar. Ser narco, mafioso y malo (muy malo) puede ser una consecuencia no querida cuando la suerte parece estar echada.

La transformación de Walt es lenta no como sus células cancerígenas que avanzan sin cesar. Se familiariza con las armas, con el argot callejero, intenta cambiar su vestimenta. Se enfrenta a asesinatos. Termina el espectador justificando esas muertes? Hay muertes que son necesarias dependiendo de quién gatilla? Pareciera que sí. A Walt le perdonamos todo. Se está por morir y los “otros” son malos, unos latinos malos. Sus muertes no parecen tan aberrantes.
El hombre que más cumple las normas, el más sumiso del sistema financiero de EE UU decide ponerse contra la ley. Enfrentarse con la muerta lo habilita a ir contra el sistema. De profesor a traficante. Un narcoprofesor que pasa de de pobre a rico. El antihéroe que busca redimirse. Ya no es Walt el profesor de química, el sumiso. Se convierte en “el” hombre a respetar, admirar y temer. Si puede vencer al cáncer no hay opción que le tema a un narcotraficante. Y así una vez más El sueño americano puede cumplirse. Aunque sea a cualquier precio.

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